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Mientras Turquía apaga de un soplo las velas de la celebración de su 85º aniversario como República, parece oportuno pararse a reflexionar por un momento. Del mismo modo que un individuo puede rememorar la experiencia de su vida remontándose desde sus más recientes logros hasta las aventuras de su juventud, también una nación recuerda su historia. La historia de Turquía se caracteriza por sus notables logros, la construcción de una democracia laica y duradera sobre las cenizas de un imperio. Es también una historia excitante que comenzó con el singular heroísmo de un pueblo y de su líder visionario. La fundación de la República es un raro ejemplo del triunfo de la convicción y el idealismo sobre avatares implacables.
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La historia de los últimos 85 años es el empeño en un propósito que este folleto desgrana. Este propósito es el garantizar una vida fecunda a más de 70 millones de ciudadanos turcos. El pueblo turco vive en democracia y libertad y asume toda la responsabilidad que le corresponde en la arquitectura del mundo moderno. Turquía tiene como objetivo principal contribuir a promover y garantizar un entorno de paz, estabilidad, prosperidad y cooperación tanto en el ámbito regional como internacional que favorezca el desarrollo humano tanto a nivel interno como en los países vecinos y más lejanos. El país persigue este objetivo mediante una política exterior proactiva y basada en principios, que utiliza una amplia gama de medios pacíficos. Los componen inter-alia, su pertenencia a la OTAN y su integración plena en la Unión Europea, asumiendo el liderazgo en el proceso de cooperación regional, fomentando relaciones de buena vecindad y de cooperación económica, facilitando ayuda y asistencia humanitaria a los menos afortunados, participando en operaciones de mantenimiento de la paz, y contribuyendo a la resolución de conflictos así como a la reconciliación subsiguiente y los esfuerzos de reconstrucción.
Como miembro activo del mundo globalizado de hoy en día, Turquía practica una política exterior multidimensional que reconcilia Occidente con Oriente y el Norte con el Sur y tiene una presencia activa en todas las regiones. En razón de su situación geográfica y de los estrechos vínculos históricos y culturales que existen a lo largo y ancho de una vasta extensión territorial, sirve de puente crucial para el diálogo y la interacción entre civilizaciones en el corazón de Euroasia. Es asimismo una fuerza impulsora en la cooperación internacional para la protección del medio ambiente en el Mar Negro, el Mar Mediterráneo y el Egeo.
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El liderazgo turco en estas zonas es, si cabe, más valioso, por el ejemplo que supone el ser una democracia laica cuya población profesa mayoritariamente el Islam. Si existe "un modelo turco", éste se debe a sus instituciones políticas, a la profesionalidad de su mundo empresarial y productivo, y a los beneficios que su gente ha cosechado del comercio de libre competencia. Turquía, en conformidad con su importante papel en la cooperación estratégica en una coyuntura vital entre las diferentes culturas, está a la vanguardia de los esfuerzos que buscan cultivar una cultura de entendimiento y cooperación entre civilizaciones. Con su tradición fuertemente enraizada en la cultura de entendimiento mutuo, tolerancia, diálogo y respeto hacia otras culturas y religiones, Turquía ha emprendido el patrocinio de la iniciativa de Alianza de Civilizaciones conjuntamente con España.
Estos ochenta y cinco años no son un cumpleaños cualquiera. Es especialmente conmovedor porque aquellos que pertenecieron a la primera generación que hizo posible relanzar de nuevo a una nación allá por 1923, hubieran sido los primeros en celebrar lo que se ha conseguido. Sería tentador dedicarles a ellos este aniversario, pero ellos habrían sido los primeros en decir que los cumpleaños son para los jóvenes. Y Turquía permanece siendo una nación extraordinariamente joven, tanto por su com¬posición demográfica como por su entusiasmo.
Prueba de este vigor es el ritmo al que la nación evoluciona. La Bolsa de Estambul posee una infraestructura tecnológica sofisticada como la de los mercados bursátiles más importantes de Europa. El panorama de las corporaciones turcas incluye a empresas que se están midiendo con las 500 empresas más importantes del mundo. Turquía vende televisores a Japón y accesorios de alta costura a Nueva York. Ciudades en el este del país que se encontraban no hace mucho aisladas, tienen hoy sus libros de pedidos llenos de encargos para grandes almacenes de Hamburgo y Madrid, tras haber sido seleccionadas como proveedores por la calidad de sus productos y la fiabilidad en la entrega. La región que circunda los ríos Tigris y Éufrates, que tiene una extensión similar a la del conjunto de los países del Benelux, está convirtiéndose de nuevo en un jardín gracias a un proyecto de irrigación y de producción de energía hidroeléctrica de proporciones gigantescas. Turquía está geográficamente próxima al 70% de los recursos energéticos mundiales comprobados, particularmente del Medio Oriente y de la cuenca del Mar Caspio. Es este el motivo por el que representa un puente natural de la energía entre los países productores y los mercados consumidores, y es un país clave para garantizar la seguridad energética a través de la diversificación de las fuentes de abastecimiento y de las rutas, circunstancias que han ganado importancia en el mundo de hoy en día.
Y todo esto tiene lugar a un ritmo que asombraría no sólo a aquellos que celebraron la proclamación del Estado allá por 1923, sino a cualquiera que haya venido observando a Turquía incluso desde hace tan sólo una década. |